MALA FARMA: CÓMO LAS EMPRESAS FARMACÉUTICAS ENGAÑAN A LOS MÉDICOS Y PERJUDICAN A LOS PACIENTES – (Reseña)

¿Cómo nos engañan las empresas farmacéuticas? ¿Cómo nos perjudican como pacientes? ¿Llevan a cabo procedimientos que violan los Derechos Humanos? Ben Goldacre nos arroja los datos y nos expone posibles soluciones ante esta problemática.

Portada de esta célebre obra del psiquiatra Ben Goldacre.

Ben Goldacre, autor de este best seller y también conocido por su célebre obra Mala Ciencia, es un psiquiatra y periodista especializado en divulgación científica y colaborador frecuente en programas televisivos y radiofónicos de estilo podcast. Por añadidura, es director de la columna Bad science en The Guardian. La clave de esta obra consiste en el foco que pone su autor en la ocultación de datos, que se vertebra a lo largo del libro con la exposición de estudios científicos no publicados al no convenir a las empresas farmacéuticas, inclusive los efectos secundarios o fármacos más nocivos que la enfermedad, etc., entre otras cuestiones. Su denuncia está expuesta de tal modo que alarme al lector, cuyo target principal es el ciudadano medio, el potencial paciente, y los profesionales de la medicina. Un libro posterior y complementario a esta obra sería Medicamentos que matan y crimen organizado, de Peter C. Gøtzsche, biólogo al que el mismo Goldacre cita, y Filosofía de la medicina, de Cristian Saborido, más reciente y escrito desde un prisma filosófico.

Descripción del recorrido científico del autor.

Un primer acercamiento al libro nos expone la enorme cantidad de información que se nos oculta a favor de las farmacéuticas, cuyos estudios financiados por esta resultan mayoritariamente favorables, en contraste con otras formas de financiación. Goldacre deja al descubierto la parcialidad, los sesgos de confirmación y la ocultación de los datos desfavorables de los ensayos clínicos de la industria farmacéutica, aquellos cuyos resultados negativos no se publican en revistas científicas, aquellos que desaparecen sin dejar rastro, ensayos sin publicar, estudios a los que no tienen acceso ni los médicos ni los pacientes que han participado en los experimentos, y manipulación y modificación de datos en favor de los intereses de las farmacéuticas. Los casos más alarmantes a través de los cuales Goldacre pone en jaque a la industria farmacéutica son los usos de fármacos para adultos en niños, medicalizando los cuerpos de estos últimos en pro del interés comercial, así como la ocultación de suicidios por causa de medicamentos psiquiátricos para la defensa de dichos fármacos. Goldacre nos lleva a preguntarnos, si la industria farmacéutica es capaz de ocultar suicidios y datos que perjudican a la infancia, ¿qué más son capaces de mantener en secreto?

Tras el primer choque con la abrumadora información del primer capítulo, Goldacre prosigue mostrando al lector la procedencia de los medicamentos, exponiendo así la identidad de las cobayas humanas y recordándonos que en los años 80 los ensayos se realizaban con presos, pasando a ser hoy jóvenes universitarios sin recursos, personas desempleadas, o el reclutamiento de personas residentes en albergues, que suelen ser personas sin techo o alcohólicos. Como complemento a sus argumentos, Goldacre utiliza las publicaciones de Guinea Pig Zero, que muestra cómo el ser sujeto de experimento se ha convertido en un empleo para personas de bajos recursos, y lo acompaña con la noticia sobre Bloomberg, donde el equipo profesional de medicina denuncian los malos tratos de la industria contra los sujetos de sus experimentos, siendo en algunos casos inmigrantes sin papeles amenazados con la deportación de declarar en su contra. Sostiene Goldacre, apoyándose en numerosas fuentes, que muchos ensayos clínicos se ejecutan en países pobres, vulnerando especialmente a los países africanos. Queda patente, pues, que la industria farmacéutica y sus aliados violan constantemente los Derechos Humanos a espaldas del mundo, despachando sin remordimientos el código deontológico.

Las personas sin hogar son un colectivo vulnerable que usa la industria farmacéutica como cobayas humanas a cambio de dinero.

Siguiendo la línea de la ocultación de datos, el tercer capítulo pone el foco en los organismos reguladores, que sufren “presiones por parte de la industria; presiones del gobierno; problemas de financiación; cuestiones de la competencia; conflictos internos de intereses; y, el peor de todos—insisto—la peligrosa obsesión por el secretismo” (Goldacre, 2013:121), donde señala la corrupción acerca de la autorización de medicamentos, que incumple la normativa de la necesaria presentación de tres ensayos clínicos con más de mil participantes. Esto incluye la exposición a pacientes voluntarios sometidos a exposición de numerosos peligros; la escandalosa autorización de fármacos que han demostrado ser ineficientes o aumentar los riesgos letales; que los propios organismos se dejen presionar para autorizar fármacos por partes de pacientes desesperados, como los de VIH, o la venta de fármacos ya existentes, como el caso del Prozac, una versión de la fluoxetina, que incrementó los riesgos de muerte súbita.

Le sucede el capítulo dedicado a los malos ensayos clínicos, en los que se expone el fraude descarado de la exageración de beneficios con el añadido de que se le resta importancia a los efectos adversos. La falsificación y modificación de datos abarca ensayos clínicos en los que los pacientes no recibieron consentimiento informado ni existió autorización por parte de estos. A estas alturas al lector ya no le extrañarán aquellos ensayos en los que los voluntarios son ideales, particularmente sanos, y que no se corresponden con los pacientes reales, ni tampoco la comparación de tratamientos que se presentan como mejores que aquellos que han demostrado no dar resultados. Lo expuesto en los capítulos anteriores es un caldo de cultivo que permite al lector comprender la gravedad de los ensayos excesivamente breves, o los que son interrumpidos antes de tiempo con el objetivo de que los resultados favorables aumenten, antes de hallar algún resultado negativo. Los ensayos clínicos que se prolongan no son una excepción en lo que a ser sospechosos se refiere, al igual que aquellos que poseen un número reducido de voluntarios, incluyendo los que agrupan resultados de forma engañosa o poco informativa. Los más escandalosos son, sin duda, los ensayos en los que no se tienen en cuenta las bajas de los participantes, que tras una investigación se descubre no solo que algunos voluntarios experimentaron efectos secundarios incapaces de soportar, sino a voluntarios que no es que abandonaran el ensayo, sino que habían fallecido por su causa. No es de extrañar que tras mostrarnos esta información, su siguiente capítulo titulado Ensayos clínicos más amplios y más sencillos sea una propuesta como solución a esta problemática, la cual puede, sin duda, unirse al epílogo, que ofrece soluciones para cada una de las trabas mencionadas en la obra.

Para el autor, tal y como se ha podido intuir a lo largo del libro, “la falta de datos es la clave de todo” (Goldacre, 2013: 305), lo que explica que ponga en la diana final al marketing, pues “La industria farmacéutica gasta el doble en publicidad y promoción que en investigación y desarrollo” (Goldacre, 2013: 225). Los médicos que se dejan chantajear y sobornar son prueba de ello, así como el engrosar su currículum a través de la utilización de redactores fantasma en revistas científicas, para las cuales tan solo aportan su nombre, recibiendo prestigio y una presunta experiencia. Este último capítulo es, sin duda, el desenmascaramiento total de la industria farmacéutica y su falta de escrúpulos, pues hará cualquier cosa en pro de sus intereses comerciales.

Esta obra de Ben Goldacre no es de una sola lectura, sino que ejerce de manual práctico para cada lector, ya sea paciente, estudiante de medicina, editor de revistas, académico, personal de las instituciones, de los organismos oficiales, personal del equipo sanitario e incluso para aquellas personas que trabajan en la industria farmacéutica, o cualquier interesado en la mala praxis científica derivada de la industria farmacéutica, pues a lo largo de sus páginas el autor aporta soluciones a esta problemática orientada a cualquiera de estos perfiles. Pero el título de la obra y lo expresado en ella no debe ser malinterpretado, pues si bien es cierto que examina de una forma pormenorizada y desde distintos ejes a la industria farmacéutica, su contenido no se trata de una proclama contra los fármacos, pues de caer en manos peligrosas, como los denominados antivacunas, practicantes de la homeopatía, o incluso negacionistas del enfermedades, tal y como ha ocurrido con los negacionistas del covid, pandemia que lleva asolando el mundo desde el año 2020, el autor deja patente en el epílogo ser contrario a esta clase de “charlatanes, terapeutas alternativos que venden vitaminas y pastillas de azúcar homeopáticas, cuyo efecto no es mejor que el de un placebo, y que recurren a trucos de mercadotecnia más toscos aún que los descritos en el libro” (Goldacre, 2013: 319), desmarcándose así de esta clase de individuos y prácticas anticientíficas que perjudican notablemente a los pacientes.

Contraportada del libro.

Si hay algo susceptible de ser criticado en su contenido, es la repetición e insistencia constante en la ausencia de datos, que aclara desde su inicio, dejando a un lado temáticas en las que podría haber profundizado todavía más, como la medicalización de los cuerpos de los niños, con quienes la industria farmacéutica ha jugado sin consideración alguna. Hubiera sido de agradecer que indagase más en las diferentes sintomatologías en enfermedades dispares separadas por sexo, e incluso por etnia en el sentido de que una genética distinta puede alterar los síntomas o los efectos de un medicamento, o en grupos demográficos dispares. Finalmente, resulta curioso que no haya puesto el foco en la experimentación con animales y su peligrosidad, con el añadido de numerosos escándalos, de entre los más conocidos el de la Talidomina, causando efectos positivos en los animales, y deformaciones en humanos, siendo al revés en el caso de la insulina, tal y como relata Peter Singer (2001) en lo que respecta a la arriesgada empresa que supone extrapolar de unas especies a otras teniendo en cuenta sus diferencias fisiológicas. Pese a todo, al ser Goldacre tan prolífico y activo, se espera de él que ahonde en estos temas en futuras obras y publicaciones académicas.

Experimental white rabbits in the acrylic restraint box for testing drug safety and toxicity. Sobre la barbarie de la experimentación animal, otro tema que debe ser abordado.

Referencias:

Goldacre, B. (2013) Mala farma: cómo las empresas farmacéuticas engañan a los médicos y perjudican a los pacientes. Barcelona: Paidós

Singer, P. (2011) Liberación animal. Madrid: Taurus


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MALA FARMA: CÓMO LAS EMPRESAS FARMACÉUTICAS ENGAÑAN A LOS MÉDICOS Y PERJUDICAN A LOS PACIENTES – (Reseña) by Noelia Felpeto Rodríguez is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional License.

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