LAS FALACIAS DEL ESPECISMO #Falacias #Especismo

A través de la lectura Tauroética, de Fernando Savater, te explico las falacias y mala argumentación típica contra los Derechos Animales y el movimiento por la Liberación Animal.

La obra Tauroética de Fernando Savater comienza con una polémica de Jesús Mosterín, que llevó a ambos a responderse en sus respectivas obras. La primera cuestión pone el foco en la tradición de las corridas de toros:

El caso más escandaloso fue una aseveración en el Parlament del profesor Jesús Mosterín, quién para recusar la tradición como el principal justificante de las corridas señaló que también la ablación del clítoris en ciertos países es una tradición y ello no hace esa práctica menos abominable (…) Que las corridas de toros son una tradición es cosa indudable, aunque como hace notar el profesor Mosterín la raigambre tradicional no legitima sin más ni fiestas, ni comportamientos sociales ni nada de nada: perdón, pero somos modernos. Y ser moderno es tener prejuicios favorables hacia lo nuevo, no hacia lo ancestral (Savater, 2011: 8-10).

La argumentación de Jesús Mosterín no era una analogía con respecto a las corridas de toros y la ablación del clítoris, como bien señala Fernando Savater en su obra. Lo que Mosterín (2015) pretendía con estas palabras, es que “Los que escribimos (…) contra la práctica de la ablación del clítoris (…) en varios países africanos recibimos a veces la réplica de que nuestra crítica es inadecuada y colonialista, pues (…) se trata de prácticas tradicionales de esos pueblos” (p. 200), es decir, que su crítica reside en que la tradición no debe justificar ningún acto moralmente cuestionable. Lo que señala es la falacia antiquitatem o de apelación a la tradición, que “La antigüedad o la novedad de una tendencia a actuar o pensar no es una característica que la legitime ni que la justifique” (Bordes, 2011: 220). En este caso Savater la comete pese a advertir esta falacia, pues considera que el prejuicio es contra lo nuevo, y por añadidura, en su obra rescata lo ancestral que descansa en las corridas de toros como una muestra de una expresión artística y cultural que no se debe prohibir, a lo que Jesús Mosterín (2015) responde en su obra con el eslogan “No hay que prohibir nada: Prohibido prohibir” (p. 226) del que hace gala Savater, que constituye una inconsistencia o contradicción, la paradoja del prefacio, pues como señala la filósofa Montserrat Bordes Solanas (2011) “Una condición necesaria de todo argumento razonable sin excepción es la consistencia o no-contradicción” (p. 240).

Con respecto a la definición de especismo de Peter Singer (2011) como “un prejuicio o actitud parcial favorable a los intereses de los miembros de nuestra propia especie y en contra de los de otras” (p. 22), Savater (2011)  responde que “Decir que todos los animales son iguales equivale a sostener que ningún animal tiene derecho ético —ni debería tenerlo jurídico” (p. 16), incurriendo en la falacia del hombre de paja, que consiste en “Caricaturizar la opinión de un oponente de manera tal que resulte fácil refutarla” (Weston, 2000: 86). De esta manera Savater puede tergiversar las palabras de Peter Singer aduciendo que este considera a todos los animales iguales, y con los mismos intereses, cuando el propio Singer argumenta que la importancia reside especialmente en la capacidad de sentir, que es lo que le lleva a una ética sensocentrista. Obviamente, Singer no considera que todos los animales sean iguales y que tengan los mismos intereses.

Por otra parte, el autor comenta que “Constantemente oímos afirmar (…) que «la naturaleza es muy sabia» o que «la naturaleza es cruel», afirmaciones que no solo no se oponen sino que se complementan y yo diría que aún más: significan lo mismo (Savater, 2011:24). En este caso, Savater incurre en la falacia naturalista, que según la filósofa María Jiménez-Buedo consiste “en pensar que los juicios normativos pueden ser justificados apelando únicamente a hechos naturales” (Vega y Olmos, 2011: 191). Que la naturaleza sea cruel, no implica que las corridas de toros deban ser admitidas, ni que los animales de granja deban ser tratados cruelmente. El ser no obliga a deber ser.

Otra de las preocupaciones del autor son las posibles consecuencias de una nueva gastronomía que evite la crueldad con los animales o que incluso no haga uso de ellos:

Esa nueva gastronomía evitará los padecimientos de la ganadería intensiva a muchos de nuestros compañeros simbióticos, pero seguramente significará el final de pollos, vacas o cerdos cuya cría dejará de tener interés comercial. Supongo que aún podremos ver algunos especímenes en reservas zoológicas o en viejos documentales. Y desde luego desaparecerán ciertas formas humanas de vida tradicional campesina: tendremos que resignarnos a olvidar la música rural del canto de los gallos y el mugir de los terneros. También los paisajes dejarán de ser lo que fueron… (Savater, 2011:35)

Los cerdos, de producirse la catástrofe que vaticina Fernando Savater, podrían protegerse.

Fernando Savater incurre aquí en la falacia de la pendiente resbaladiza, que según la filósofa Monserrat Bordes Solanas (2011), indica esta secuencia causal:

p causa q

q causa r

r causa s

s causa t

t causa u

u causa v

v es indeseable

p no debe ser el caso (p. 276)

También constituye el argumentum ad consequentiam que según Jesús Alcolea “se arroja luz desfavorable sobre una tesis (fáctica) señalando sus consecuencias posibles, sin entrar a discutir la corrección de la tesis” (Vega y Olmos, 2011: 38). El problema de Savater en este párrafo de su obra es que no explica por qué esas serían las consecuencias, pues no tendría por qué ser así, puesto que cierto tipo de paisajes están protegidos por la ley, y lo mismo podría realizarse con ciertas especies, como ocurre cada vez que una está en peligro de extinción. Asimismo, la vida rural no tendría por qué desaparecer, ya que en esta nueva gastronomía no se evitan las plantaciones.

En lo referente a las corridas de toros, Savater (2011)  señala a cierto tipo de individuo que

“(…) se inclina a desautorizar las corridas de toros —a las que confiesa que no ha asistido jamás— pero en cambio no dice nada de la forma poco compasiva de tratar a las ocas para obtener foie-gras, lo cual probablemente le resulta mucho más próximo y familiar (pág. 39)

Es lícito que Savater señale que quienes desautorizan las corridas de toros no se cuestionen que los animales de granja lleven una vida peor que los toros de lidia, pues tal y como argumenta Peter Singer (2011) en uno de sus ejemplos más extremos, que un sujeto mutile piernas de personas, no le impide señalar a otro individuo que se dedica a mutilarles los brazos que eso está mal. Sin embargo, conviene subrayar que incurre de nuevo en la pista falsa, que consiste en “Introducir una cuestión irrelevante o secundaria y, de ese modo, desviar la atención de la cuestión principal” (Weston, 2000: 88). La obra de Savater consiste en la defensa de las corridas de toros, y no en la defensa de los animales de granja. Igualmente, supone la falacia tu quoque, que según Jesús alcolea “se sugiere que hay una contradicción entre lo que alguien hace y lo que dice” (Vega, 2001: 36). Si bien es cierto que existe una contradicción en defender a los toros pero no a las ocas utilizadas para elaborar foie-gras, recurrir a los actos presuntamente inmorales de los demás no constituye un buen argumento para defender los actos propios también presuntamente inmorales, en ambos casos según la mirada ajena y desde la misma Ética.

Al final de su obra, Fernando Savater (2011) expone que

La preocupación por el bienestar de los demás seres vivos obtuvo el patronazgo de notables ilustrados —Montaigne, Jeremy Bentham, Schopenhauer…— pero también el refrendo de algunos que mostraron humanitarismo con las bestias y bestialidad con los humanos: las primeras leyes europeas protoecologistas de protección de la Madre Tierra y de los animales fueron dictadas (entre 1933 y 1935) por el vegetariano Adolf Hitler. (Pág. 59)

Este argumento de Savater constituye un reductio ad hitlerum, falacia tipo ad muy utilizada en contextos coloquiales por aquellas personas que se posicionan contra una de las consecuencias de aplicar los derechos de los animales y su ampliación moral con la mayor coherencia posible, es decir, la práctica del veganismo. El filósofo de la moral Oscar Horta (2017) sostiene que este es un ejemplo de mal argumento, y plantea otro en el que el hecho de que asesinos en serie y otros individuos crueles o tiránicos lleven una dieta omnívora debe significar que hay algo de inmoral en este tipo de dieta. Horta no considera que este sea un argumento convincente ni persuasivo, sino falaz y endeble. Por otra parte, es conveniente señalar que este argumento se trata de un ad hominen o culpable por asociación la“también llamada falacia de las malas compañías consiste en atacar la posición del adversario con base exclusiva en que es postura defendida por personas de mala reputación moral o intelectual” (Bordes, 2011: 207). En el señalamiento de esta falacia, lo que se pretende es que se comprenda que no es relevante quién defiende unas ideas concretas, por muy despreciable que el sujeto sea, sino la importancia de su tesis y si sus afirmaciones son verdaderas o falsas. Un seudosilogismo no válido que plantea Plantin (1998) es este esquema de cuatro términos:

        A es B                                 Un vegetariano A fue Hitler

C es D                                 Los nazis C eran genocidas D

Luego A es D (pág. 51)      Luego los vegetarianos A son genocidas D

En conclusión, este argumento no es solo falaz, sino que debe ser evitado porque entorpece la discusión en torno a la ética animal y su aportación a la cuestión es nula. Por añadidura, aplicando el principio de caridad interpretativa, debemos señalar que Savater es un filósofo para el que la lógica es sobradamente conocida, por lo que podemos inferir que sus falacias son sofismas, siendo un sofisma una “estrategia o argucia argumentativa hecha a sabiendas con la intención de probar algo frente a alguien, aunque a través de una prueba de suyo fallida” (Vega, 2015: 175), y no paralogismos, dado que un paralogismo “es un argumento erróneo o incorrecto, a veces propiciado por su confusión o semejanza con otras formas legítimas de inferencia o argumentación” (Vega, 2015: 175).

Referencias:

Bordes, M (2011) Las trampas de Circe: falacias lógicas y argumentación informal  Madrid: Cátedra

Horta, O. (2017) Un paso adelante en defensa de los animales. Madrid: Plaza y Valdés

Moterín, J. (2015) El triunfo de la compasión. Nuestra relación con los otros animales. Madrid: Alianza Editorial

Plantin, C. (1998) La argumentación Barcelona: Ariel

Savater, F. (2011) Tauroética  España: Turpial  [EPUB  https://play.google.com/books/reader?id=LhVGKAAAAEAJ&pg=GBS.PA8.w.0.0.0.2 ]

Singer, P. (2011) Liberación animal Madrid: Taurus

Vega, L y Olmos, P. (2011) Compendio de lógica, argumentación y retórica Madrid: Editorial Trotta

Vega, L. (2015) Introducción a la teoría de la argumentación: problemas y perspectivas Lima: Palestra Editores

Weston, A. (2000) Las claves de la argumentación. Barcelona: Ariel [EPUB  https://play.google.com/books/reader?id=hsVGKAAAAEAJ&pg=GBS.PA1 ]

Licencia Creative Commons


LAS FALACIAS DEL ESPECISMO #Falacias #Especismo por Noelia Felpeto Rodríguez se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 4.0 Internacional.
Basada en una obra en https://laguaridahumanista.wordpress.com/2021/08/16/las-falacias-del-especismo-falacias-especismo/.

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